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Racó del Pla: 45 años de cocina, memoria y hospitalidad en Alicante

Gastronomy & Gourmet
Cumplir 45 años en hostelería no es solo celebrar una trayectoria, sino formar parte de la memoria de una ciudad. Racó del Pla ha conseguido mantenerse fiel a su esencia durante casi medio siglo, preservando la cocina tradicional alicantina, el producto de calidad y una forma de recibir al cliente basada en la cercanía. Hoy, una nueva generación -Miriam Gómez y José Juan Gómez- continúa ese legado con el mismo respeto por las raíces y la mirada puesta en el futuro.
Cumplir 45 años en hostelería es casi contar una parte de la historia de Alicante. ¿Qué personas y decisiones han sido fundamentales para que Racó del Pla haya llegado hasta aquí?

Si hay una persona fundamental es, sin duda, José Gómez Martínez, fundador de Racó del Pla. Para nosotros sigue siendo el gran referente y, de alguna manera, nuestro talismán. Muchas de las decisiones que tomó entonces sentaron las bases de lo que somos hoy.

Antes de crear Racó del Pla había trabajado en Nou Manolín y posteriormente abrió un primer establecimiento con un socio. En 1981 encontró este local y decidió iniciar su propio camino. Era un espacio pequeño, situado en un rincón del barrio del Pla, y de ahí nació precisamente el nombre: Racó del Pla, ‘el rincón del Pla’.

Desde el principio tuvo muy clara una filosofía que seguimos manteniendo: trabajar con un producto de máxima calidad intentando ofrecer siempre una buena relación calidad-precio. Hoy mantener ese equilibrio resulta mucho más complicado porque el mercado ha cambiado muchísimo, pero continúa siendo uno de nuestros grandes objetivos.

Al final, llegar a los 45 años es el resultado de muchas decisiones, pero sobre todo de haber sido constantes y de no olvidar nunca de dónde venimos.
Después de cuatro décadas y media, ¿qué permanece exactamente igual y qué habéis tenido que cambiar para conectar también con nuevas generaciones?

Lo esencial sigue siendo lo mismo: producto fresco de calidad, cocina mediterránea y alicantina y respeto por las recetas tradicionales. Incluso estamos recuperando algunos platos de origen murciano, porque nuestras raíces familiares también están allí. Nos interesa reivindicar de dónde venimos y trabajar cada vez más con producto de proximidad.

Lo que sí ha cambiado es la forma de llegar al cliente. Antes prácticamente todo funcionaba por el boca a boca. Hoy tenemos redes sociales, nuevas herramientas de comunicación y una generación joven que descubre los restaurantes de otra manera.

Nosotros también tenemos que estar ahí, pero sin convertirnos en algo que no somos. No queremos seguir una tendencia simplemente porque esté de moda ni transformar nuestra cocina para parecer más modernos. Preferimos mostrar que lo tradicional también puede resultar actual cuando detrás hay autenticidad, buen producto y una historia verdadera.

También hemos evolucionado en la gestión de los equipos y hemos aprendido a adaptarnos a nuevas formas de trabajar. La clave está precisamente en evolucionar sin perder la esencia.
En estos 45 años hay un plato que se ha convertido prácticamente en parte de la identidad de Racó del Pla: Arroz con pata. ¿Qué historia hay detrás?

Arroz con pata es nuestro barco insignia. Nos acompaña prácticamente desde el principio y probablemente sea el plato que mejor representa la historia de Racó del Pla.

Es una receta tradicional vinculada a la Vega Baja que el fundador recuperó e investigó en aquellos primeros años. La receta original tenía sabores bastante más potentes, y él fue adaptándola al paladar de la época hasta encontrar el equilibrio que quería. Aquella versión terminó convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad del restaurante.

Se prepara con pata de ternera, garbanzos y un sofrito con morcilla y chorizo. El arroz se cocina con el propio caldo de la pata y eso le aporta una textura muy característica, melosa y untuosa.

Pero lo importante no es únicamente la receta. Después de tantos años, hay clientes que relacionan directamente ese sabor con Racó del Pla. Y cuando un plato consigue permanecer durante generaciones y formar parte de los recuerdos de quienes vienen a tu restaurante, deja de ser simplemente un plato para convertirse en parte de tu historia.
Hay personas en el equipo que prácticamente han vivido toda la historia de Racó del Pla desde dentro. ¿Hasta qué punto ese sentimiento de familia explica también la longevidad del restaurante?

Muchísimo. Hay compañeros que están vinculados al restaurante prácticamente desde su nacimiento. Uno de ellos empezó aquí en 1981, con solo 15 años, una semana antes de que abriéramos. Ayudaba a preparar el local, limpiaba vajilla y muebles… y 45 años después sigue formando parte de esta casa.

Cuando has pasado tantos años aquí, el restaurante deja de ser simplemente tu lugar de trabajo. Se convierte en tu segunda casa y tus compañeros, en tu familia. Ese sentimiento también se transmite al cliente. Desde el principio nos enseñaron que quien entra por la puerta tiene que sentirse como en casa. No buscamos un trato distante o excesivamente protocolario, sino natural y cercano.

Hay clientes que llevan décadas viniendo, que conocen al equipo por su nombre, preguntan por nosotros cuando falta alguien y hablan con nosotros como lo harían con un amigo. Esa confianza no se consigue de un día para otro. Se construye durante años y creo que es una de las razones por las que tantas personas siguen regresando.
Hoy Racó del Pla afronta una nueva etapa, con nuevos públicos y otro establecimiento que está desarrollando su propia personalidad. ¿Cómo imagináis los próximos años sin perder todo ese legado?

Con la misma filosofía con la que hemos llegado hasta aquí: avanzar poco a poco y escuchar.
El nuevo establecimiento nació inicialmente como una versión más pequeña de Racó del Pla, pero hemos entendido que cada zona y cada público son diferentes. Poco a poco ha ido encontrando su propia personalidad, y creemos que ahora estamos en el camino adecuado, aunque todavía queda trabajo por hacer.

También queremos seguir acercándonos a nuevas generaciones. Hay jóvenes que quizá no conocen determinados platos tradicionales o no saben cuál es la historia que existe detrás de ellos. Ahí tenemos una oportunidad muy bonita: conseguir que descubran nuestra cocina desde una mirada actual sin cambiar aquello que la hace auténtica.

Después de 45 años, quizá el verdadero reto no sea reinventarse continuamente, sino saber qué cosas merece la pena cambiar y cuáles nunca deberían cambiar. Producto, tradición, cercanía y constancia nos han traído hasta aquí. Y queremos que sean también los valores que nos acompañen en el futuro.

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