Impuls GUIDE

“Queríamos crear un paseo por el Mediterráneo de diez minutos”

Gastronomy & Gourmet
SAÓ Mediterráneo transforma el helado en una experiencia donde el producto, el diseño y la calma conviven para reivindicar una nueva forma de saborear el Mediterráneo.
¿Cómo nació el concepto SAÓ Mediterráneo y qué queríais que sintiera una persona desde el momento en que cruza la puerta?

SAÓ nació de una idea muy sencilla: hacer helado desde el lugar en el que vivimos. Después de muchos años dedicándonos al mundo del helado, sentimos que el Mediterráneo tenía un lenguaje propio que apenas estaba representado. No queríamos copiar el modelo de la gelateria italiana ni construir una heladería temática; queríamos crear una identidad mediterránea contemporánea.

Desde que alguien entra, buscamos que sienta una pequeña pausa. Que el ritmo baje. Que durante diez minutos todo resulte más sencillo: la luz, los materiales, los aromas y, sobre todo, el sabor. Decimos que SAÓ es “un paseo por el Mediterráneo de diez minutos”, y toda la experiencia gira alrededor de esa sensación.
¿Cómo conseguís que el diseño, la música, el producto y la estética formen una experiencia coherente y no simplemente una suma de elementos?

Hoy es fácil construir una marca a partir de una estética bonita. Nosotros preferimos hacerlo al revés: primero definimos qué queríamos transmitir y después tomamos todas las decisiones.

Queríamos que SAÓ hablara de calma, honestidad y Mediterráneo. Por eso el diseño evita el exceso, la música acompaña sin imponerse, la forma en que recibimos a cada persona refleja esa misma serenidad y el helado pone siempre el ingrediente en el centro. Cuando todos los elementos cuentan la misma historia, dejan de competir entre ellos y empiezan a reforzarse.
¿Cómo reinterpretáis la tradición mediterránea para ofrecer una propuesta gastronómica actual sin perder su esencia?

No sentimos la necesidad de reinventar el Mediterráneo. Preferimos mirarlo con ojos actuales.

Trabajamos con ingredientes muy reconocibles: algarroba, romero, miel, cítricos, almendra, higos, melocotón, níspero o aceite de oliva. La innovación está en cómo los tratamos, en la técnica, en el equilibrio y en la forma de presentarlos, no en convertirlos en algo irreconocible.

Cada helado nace de esa misma filosofía: respetar el producto, trabajar la temporada y dejar que cada ingrediente exprese su verdadero sabor. Queremos que alguien pruebe un sabor y piense: “Esto sabe exactamente a lo que debería saber, solo que nunca lo había probado así.”
¿Qué importancia tiene para vosotros la atmósfera a la hora de construir la identidad de SAÓ?

Es fundamental. Un buen helado puede hacer que alguien vuelva una vez; una buena atmósfera hace que quiera quedarse y regresar.

Cuidamos la iluminación, los materiales, la forma en que atendemos a cada persona y la música porque creemos que la experiencia empieza mucho antes del primer bocado. Todo debe transmitir la misma sensación de calma y de calidad, sin necesidad de explicarla.

Al final, las personas no recuerdan únicamente un sabor. Recuerdan cómo se sintieron en ese momento. Y eso depende tanto del producto como del ambiente que lo rodea.
¿Qué hace que SAÓ permanezca en la memoria de quien lo visita y le invite a volver?

Seguramente, la autenticidad. No intentamos sorprender con extravagancias. Intentamos emocionar con algo muy difícil de conseguir: hacer las cosas sencillas de una forma excepcional.

Cuando alguien prueba un helado que realmente sabe a fruta recién recogida, a miel, a romero o a un buen chocolate, en un espacio donde todo respira la misma filosofía, se lleva mucho más que el recuerdo de un postre.

Nos gustaría que quien visite SAÓ recordara, mucho tiempo después, no solo el sabor de un helado, sino también la sensación de haber hecho una pequeña pausa para disfrutar del Mediterráneo. Si conseguimos eso, sabemos que querrá volver.

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